4 de diciembre de 2011

El alfarero



(Ver video aquí)

"El Señor dirigió esta palabra a Jeremías: - Baja en seguida a la casa del alfarero; allí te comunicaré mi palabra. Bajé a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno. Si se estropeaba la vasija que estaba haciendo mientras moldeaba la arcilla con sus manos, volvía a hacer otra a su gusto.

Entonces el Señor me dijo: - ¿Acaso no puedo yo hacer con ustedes, pueblo de Israel, igual que hace el alfarero? Oráculo del Señor. Como está la arcilla en manos del alfarero, así están ustedes en mis manos, pueblo de Israel" (Jer 18, 1-6).

Entre correrías y preocupaciones, el Adviento nos vuelve a recordar que somos hombres y mujeres de esperanza. En efecto, no nos instalamos resignadamente en el presente, como si nada ni nadie pudiese cambiar, pues nosotros "esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva donde habite la justicia" (1 Pe 3, 13).

Como verdaderos hijos e hijas de un Padre que nos ama sin poner condiciones, llevamos como antorchas encendidas, aún en medio de tanta fragilidad, la vida resucitada de Aquél que vino para quedarse entre nosotros hasta transformar la historia, nuestro barro cotidiano, en vasijas de solidaridad, plenitud y alegría.