10 de diciembre de 2009

Nacimiento de Jesús


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"Al sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una joven desposada con un hombre llamado José, de la descendencia de David; el nombre de la joven era María..." (Lc 1, 26-27). "Y, antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo por la acción del Espíritu Santo (Mt 1, 18).

"En aquellos días el emperador Augusto promulgó un decreto ordenando que se hiciera el censo de los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Cuirino, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad de origen. También José, por ser de la descendencia y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba en cinta. Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada..." (Lc 2, 1-7).

"Por entonces unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén, preguntando: '¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo" (Mt 2, 1-2). "Ellos, después de oír al rey Herodes, se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de una inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y lo adoraron postrados en tierra. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra" (Mt 2, 9-11).

"Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche en pleno campo cuidando sus rebaños por turnos. Un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los envolvió con su luz..." (Lc 2, 8-9). "Fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que el ángel les había dicho de este niño. Y cuantos escuchaban lo que decían los pastores, se quedaban admirados..." (Lc 2, 16-18).