2 de noviembre de 2008

Aleluya, cantamos tus alabanzas




¡Aleluya! Cantamos tus alabanzas,
nuestros corazones están llenos de alegría.

Cristo, el Señor, nos dijo:
"Yo soy el vino, yo soy el pan;
denlo a todos los que estén sedientos y hambrientos".

Desde el dolido mundo sudafricano surge esta música hermosa y sincera. La gratitud, la fe, la capacidad de celebrar y alabar brotan robustas en medio de los sencillos, de un modo casi natural, como la respiración misma.

Y es que teniendo tan poco, el corazón se ve muchas veces empujado a lo esencial. Sabe de penas y fracasos. Sabe también de esperanzas y luchas. No se gasta vacío en batallas mezquinas ni se apropia egoístamente de lo que sabe regalado.

Jesús Buena Noticia, Pan que se parte, Vino que se entrega para aliviar el hambre y la sed de tantos; el anhelo de justicia, de felicidad, de cobijo y paz. La fe vivida de los pobres compromete, no se centra sobre sí misma...

En ella todos somos invitados a reconocernos en nuestra precariedad y vulnerabilidad. Y por lo mismo, abiertos y dispuestos al riesgo de perderlo todo para ganarlo todo. Así, la vida se transforma en misión: ser también pan partido y vino derramado para que otros tengan vida... y una vida en abundancia.

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Hallelujah! Pelo tsa rona es un canto tradicional sudafricano. Interpreta esta canción el coro de jóvenes católicos de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, que ya acumula algún número de producciones discográficas para el canto litúrgico, incorporando músicas de diversas tradiciones culturales del planeta. El himno que escuchamos aquí se encuentra en el disco "Crossroads of Praise".