10 de octubre de 2008

Esta era una niña




Nuestra Señora recibió el saludo del ángel cuando aún era una muchacha. El ardor que llevaba dentro la hizo atenta discípula y generoso vaso de la fuente más pura, de la gracia más abundante.

Sin aspavientos ni extravagancias... sencilla flor de la creación, agua más que el río, fuego más que el sol. Su pecho esperaba al Mesías, sus ojos cuidaban el alba. María niña, María juego y vida, entrega y gozo. María madre, María dolor y compromiso. María vida y esperanza.

La Iglesia entera se goza en su canto: "Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso. Su nombre es santo, y su misericordia es eterna con aquellos que lo honran" (Lc. 1, 47-50).

Y es que Dios se manifiesta en los sencillos y pequeños. Así también sale a nuestro encuentro, cumpliendo sus promesas, elevando lo más humano. Es el Dios Justo que trae la vida y restaura el corazón abatido, que en Jesús trae la buena noticia a los pobres y los pecadores...

"Actuó con la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón soberbio. Derribó de sus tronos a los poderosos y engrandeció a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada. Tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericorida, como lo había prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y de sus descendientes para siempre" (Lc. 1, 51-53).

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Esta era una niña es un himno de la Liturgia de las Horas musicalizado y adaptado por Oscar Silva. Se encuentra en su disco "Dios no ha muerto", del cual ya hemos presentado otra canción anteriormente (Dios no ha muerto). Interpreta este hermoso canto Ximena Gray. La letra y los acordes los puedes bajar aquí (Esta era una niña).