31 de enero de 2008

Himno de la mañana I




Cada mañana es un tiempo privilegiado para ofrecernos al Padre a corazón abierto. Este canto es un precioso himno de la liturgia que nos puede ayudar a conectarnos con este "Dios que trabaja", como dice San Ignacio, y que hace camino junto a los hombres y mujeres de nuestro mundo.

Con sencillez somos invitados a conectar nuestros propios afanes a los de los pobres y sencillos, esperando que la bondad de Dios convierta sus penas en sonrisas, comprometiendo nuestras vidas en la promoción de la justicia del Reino que sostiene su esperanza...

"Llorando van llevando la semilla;
duro quehacer de todos nuestros días.
¡Que vuelvan con canciones en sus labios,
trayendo entre los brazos sus gavillas!"

Nuevos días florecen para nosotros no sólo al amanecer. Cada vez que volvemos al Padre de la mano de Cristo, el tiempo de la vida se nos abre y nos descubre la alegría de saber que estamos juntos en este peregrinar. La conversión al Señor es siempre conversión al prójimo.

Hermanados en Jesús, animados por el Espíritu Santo, cantamos con nuestras voces y nuestras acciones la bondad de un Dios que no se cansa de llamarnos a compartir su mesa.
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Este Himno de la mañana lo encuentras en el disco "El Señor es mi luz y mi salvación", publicado por Tiberíades. Lo interpretan sacerdotes y hermanos de la Congregación de Los Sagrados Corazones.

La letra y los acordes los puedes bajar aquí (Himno de la mañana I). Es un excelente material para oraciones comunitarias y retiros. La música es sencilla y fácil de seguir. Si se acompaña con la guitarra, recomiendo bajarla medio tono a E (Mi) para facilitar los acordes.